La reafirmación de la apariencia propia a través de fotos que van de los selfies hasta las etiquetas. La obsesión casi enfermiza de documentar los momentos a través de cientos de imágenes como si la memoria ya no bastara, como si la nube fuera una extensión de la capacidad de recordar. La apropiación corporal para exhibirse a la manera de un producto. Mostrar atractivamente al exterior para llenar el espacio de la ausencia. Restarle peso a las palabras y a las emociones verdaderas para convertirse exclusivamente en el reflejo de la pose más estudiada y más cuidada.
El fin de la privacidad.