Llevaba meses escuchando maravillas de este lugar. Que si estaba muy rico, que había que ir. Por fin, este sábado, logré reservar. Llegué con las expectativas altas.
Primera señal: nadie nos recibió. La persona de seguridad nos dijo «ahorita están con ustedes», y un par de minutos después nos dieron una mesita muy linda para dos.
La comida fue… correcta, y nada más. Botanas, entradas y plato fuerte podrían haber salido de cualquier cocina. Una concha con foie gras me recordó a una que probé en Puerto Vallarta, pero en una versión menos buena. El hamachi, igual de irrelevante.
El servicio fue lo que terminó de destruir la experiencia. Tardaron una eternidad en recoger los platos a medio comer y nadie preguntó nada. Había mesas libres, pero nunca un «ya estamos con ustedes». Y cuando por fin llegamos a la hora del postre, llegó alguien a pedirnos que desocupáramos porque venía la siguiente reservación. Me levanté y me fui.
Antes de salir le dije al responsable, con toda calma: «Cuiden el servicio.» Porque una comida regular se rescata con un detalle, un chocolatito al final, un «¿les traemos algo más?». Un mal servicio, en cambio, te quita las ganas de volver.
Lo que me dejó pensando fue el contraste. El lugar no tiene estrellas, pero sí una mención de recomendación en la guía Michelin, y se nota que aspira a más. Tiene reseñas deslumbrantes y mucho influencer. Pero muchas veces lo que hay detrás son relaciones públicas, invitaciones a gente a la que le pagan por hablar bien, no críticos. Se nota.
No voy a decir el nombre. Un restaurante con esas ambiciones tiene retos enormes y lo respeto. Pero para mí la hospitalidad es parte del plato, y aquí el todo fue desabrido, incómodo y, por supuesto, no para repetir. Ya no estoy en la etapa de dar segundas oportunidades «por si acaso». Si fuera crítico gastronómico, volvería por responsabilidad. Siendo comensal, prefiero gastar mi tiempo en lugares como Gaba o Plonk, que me hicieron sentir bienvenido desde que entré.
La próxima vez, antes de dejarme llevar por el «wow» de internet, volveré a mis clásicos.
Y ahora te toca a ti:
- ¿Qué pesa más para ti en un restaurante: la comida o el servicio?
- ¿Te ha pasado que un lugar muy recomendado te decepcione? ¿Qué fue lo que falló?
- ¿Confías en las reseñas de influencers, o ya aprendiste a leerlas con lupa?






















