Pandemia y accionistas

La pandemia ha hecho que muchas empresas tengan que recortar sus gastos.

Los recortes han hecho que demasiados trabajadores pierdan sus empleos.

La pérdida de trabajo ha limitado los ingresos de las personas.

Los disminución de los ingresos ha impactado negativamente en el consumo.

La reducción en el consumo ha hecho que varias empresas obtengan menos ingresos.

Sin embargo, los accionistas de muchas empresas siguen viendo cómo sus acciones continúan apreciándose.

Propósitos para 2021

1. Dedicar más tiempo a mi círculo

2. Ayudar a los demás como me habría gustado que me ayudaran

3. Encontrar causas a las cuales apoyar

4. Convertir el ejercicio y la alimentación saludable en hábitos

5. Ser más selectivo con el uso de las redes sociales

6. Llegar a la meta de 40 libros leídos en el año

7. Escribir más en L975

8. Aumentar mi porcentaje de ahorro / inversión

9. Reducir mi cantidad de desechos

10. Solamente comprar cosas necesarias

Sus propios intereses

“Esta es mi calle, no es para que otros vengan a estacionarse, que se estacionen en otro lado, que los metan a un estacionamiento y que paguen o mejor que ni vengan porque nada más vienen a robar y a dejar las calles bien sucias. Por eso todos los vecinos ponemos estos botes. Y aguas que alguien los mueva porque nos lo agarramos a madrazos y si no, pues nos chingamos el coche, picamos llanta o lo decoramos con fierro. Esta es nuestra calle y no está bien que quieran abusar, está en nuestros derechos, ¿no?”

Así las calles, las ciudades, el país.

Cada quien protegiendo sus intereses en perjuicio de los demás.

Podcast – ideas

Reproductor de MP3 y de podcast

Hay quienes piensan que la palabra escrita sigue siendo la mejor forma de comunicarse; quienes creen que las imágenes “valen más que mil palabras” y quienes están convencidos de que la voz y los sonidos son el medio ideal para expresar las ideas.

Algunos de estos últimos vivieron ese tiempo en el que convertirse en locutor de estación de radio podía ser algo más cercano y alcanzable que llegar a conducir en televisión, convertirse en escritor o volverse fotógrafo. Y quizá ellos fueron los pioneros en hacer podcast cuando este medio aún no había alcanzado el nivel que ha alcanzado hoy y para crear uno bastaba un micrófono, una conexión a internet, un servidor para alojarlo y las ganas de dejar grabado algunas ideas.

Algunos de aquellos que escribieron fanzines en los 80s, comenzaron un blog en los 90s, aprendieron HTML para armar un website en los 00s y se volcaron a las redes sociales en los 10s, gradualmente se fueron educando para crear contenido y compartirlo en un medio que requería menos conocimiento específico y menos producción.

Un celular con – a lo mejor-, un micrófono externo, una grabadora de audio, un programa de edición simple y una app para darle forma y compartirlo simplificaron el proceso, de la misma manera en que lo hizo una cámara digital con quienes decidieron hacer la transición de blogueros a vlogueros.

Las posibilidades del podcast ayudaron a que quienes alguna vez desearon ser locutores de radio, o a que quienes gustan de comunicar un punto de vista, un conocimiento o una opinión pudieran hacerlo sin preocuparse por la censura sabiendo que dicho mensaje podía llegar a un público específico interesado por dicho contenido.

Grabaciones sobre cualquier tema, puntos de vista -algunos más interesantes que otros-, enseñanzas, historias, audio-reportajes, hay espacio para cubrirlo todo.

¿Qué grabarías en una cinta de audio, en un clip digital? ¿cuáles de tus ideas querrías que se escucharan por muchas más personas que las que están en tu círculo inmediato? ¿ Con qué finalidad plasmarías un conocimiento, una experiencia, una emoción para que alguien más lo escuchara?

Comunidades y redes sociales

Alguna vez pensamos que la opción más inteligente era migrar de los blogs – esos espacios digitales para la comunicación, la memoria y los puntos de vista-, hacia las redes sociales. Creímos que publicar algo en un blog era limitar el alcance de esa publicación y que hacerlo en una red social era compartirlo realmente con un universo más grande, que de alguna manera podríamos llegar a más personas, tanto a nuestros amigos como a los amigos de nuestros amigos e incluso a personas desconocidas que compartían nuestros mismos intereses. Estuvimos seguros de que publicar un texto era el inicio de una conversación aunque no hubiera respuestas ni diálogo.

Y gradualmente avanzamos hacia un mundo de “seguidores” y de “likes” donde los números fueron más importantes que las ideas, donde las verdaderas charlas dieron paso a mantenerse al tanto de la vida de los demás en espacios curados para mostrar solamente algunas facetas de la realidad. Dejamos de ser comunidades para convertirnos en redes y esas redes potenciaron a través de algoritmos y de dinero lo que debíamos ver y lo que debíamos conocer.

¿Cómo regresamos a esas iniciales pláticas genuinas?

 

3 Apps

Platico con ella y me pregunta qué hago con mi teléfono ahora que borré FB, TW e IG. Le contesto que en una de las dos aplicaciones que más uso leo libros digitales y que en la otra leo un periódico global inglés, que además de eso escucho música y podcasts y contesto mensajes de texto, que casi nunca lo uso para hablar.

Y es en ese momento, al ver su reacción, que pienso que quizá debería volver a descargar esas 3 aplicaciones para no perderme del todo lo que está pasando en su vida de adolescente.

Ego(i)smo

Egoísta, egocéntrico, que se ve a sí mismo como el centro de todo, como lo único importante, como el único significado y la única referencia. Alguien que ve cada cosa como una atadura, como una cadena, como un peso muerto que soportar. Alguien que anhela los placeres nunca explorados, los encuentros improbables, las relaciones líquidas que permanecen en el tiempo pero que son inconstantes e imprecisas.

Todo se relaciona con las opciones, con las elecciones, con las decisiones, con hacer lo correcto o lo esperado y en la firme creencia de que el egoísmo es condenable e inapropiado para un ser humano civilizado que no está dispuesto a repetir un patrón despreciable y doloroso. 

Leer en Kindle

I

Los libros no dejan de ser libros al perder el olor, la textura o el peso. Los libros se convierten en libros cuando el autor y el editor terminan su trabajo y ponen literalmente el punto final a la obra. Una vez que el libro está terminado puede ser impreso o puede ser puesto en línea, lo que finalmente lo pondrá al alcance de los lectores. 

II

Nunca pensé que me acostumbraría a leer en un dispositivo electrónico hasta que probé el Kindle en un país con pocas librerías. Quizá ese sea uno de sus principales atractivos en la era de lo inmediato. Pensar en un libro, hacer una búsqueda rápida, descargarlo y comenzar a leerlo. 

III

Hubo un tiempo en el que solía ir por la vida con 3 o 4 libros al hombro. Los trataba como amuletos. Ese era el número de libros que leía simultáneamente. Ahora llevo alrededor de 40 en un dispositivo que pesa 170 gramos. Y en verdad es mucho más práctico, requiere de menos esfuerzo e hizo posible que ahora lea mucho más.

IV

Cuando era niño prefería leer que correr en los jardínes. A veces inventaba que leía porque era un deber escolar. No sé si ahora sería más sencillo mentir con una tableta y reconocer una adicción a Candy Crush antes que aceptar que soy un adicto de los libros electrónicos. O si ahora me hubiera perdido del placer de la lectura por quedar preso entre las redes sociales y sus juegos.

V

¿Cuántas veces se me cayó un libro de las manos al quedarme dormido? ¿cuántas veces se me mojó y tuve que esperar a que se secara para poder leerlo? ¿cuántas veces me senté sobre alguno o lo use para servir de pisapapeles? ¿cuántas veces me robaron un libro sin que yo lo hubiése prestado? Bueno, la lección es que nada de esto puede pasar con un Kindle. El primero acabó con una pantalla estrellada y con la tinta electrónica mostrando un bello diseño como el de las guardas de un libro encuadernado de manera artesanal; el segundo acabó en las manos de algún comprador de artículos robados. El consuelo es que los libros electrónicos no se pierden, siguen ahí, en la nube. Listos para ser retomados en el punto exacto donde se quedaron, como un recuerdo al que puede regresarse. Sé que me esperan en ese espacio de ceros y unos y eso me da cierta tranquilidad.

Para leer directamente en el dispositivo Kindle