El prompt

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“Hacer una película al estilo dogma sobre la relación de dos personas de más de 50 que acaban de conocerse y que apuestan por vivir juntos con la crisis económica mundial de trasfondo y la falta de oportunidades laborales y de vivienda en la CDMX”

Escribí esto, lo puse en un AI, le pedí que lo convirtiera en un pitch y me hizo algunas preguntas.

  • ¿Quieres que lo afine para enviarlo a un fondo o convocatoria
  • ¿Quieres que también te ayude con la sinopsis larga, perfil de personajes, o intención del director/a para el dossier?
  • ¿Quieres que incorpore elementos biográficos tuyos o que lo adapte a tu estilo personal si tú fueras el/la director(a)?
  • ¿Te gustaría que desarrolle también el perfil de los personajes o el tono visual y sonoro del proyecto?
  • ¿Te gustaría también que preparemos una sinopsis larga o una carta de motivación para el fondo?

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Claro, aquí tienes una sinopsis larga para La Última Renta, pensada para un dossier de fondo cinematográfico. Tiene un tono narrativo, humano y sobrio, en sintonía con el estilo Dogma y la carga emocional del proyecto:

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Sinopsis larga

En la Ciudad de México, donde el costo de vivir ha dejado de ser proporcional al derecho de hacerlo, La Última Renta narra el encuentro entre dos vidas que parecían no tener ya margen de sorpresa.

Lucía, de 56 años, es una exmaestra de secundaria que ha pasado los últimos meses cuidando a su madre enferma. Cuando la madre muere, Lucía hereda poco más que deudas y una orden de desalojo. De la noche a la mañana, se encuentra sin casa, sin empleo y con un currículum que nadie parece querer leer.

Andrés, de 61, es un fotógrafo freelance que lleva años sobreviviendo con encargos esporádicos y talleres mal pagados. Conserva, como un acto de fe, la Leica que le regaló su abuelo: un objeto que guarda más recuerdos que valor práctico, pero que aún lo impulsa a mirar el mundo con cierta dignidad.

Ambos se conocen por accidente en una fila para ver un cuarto en renta. Descubren que ninguno puede pagarlo solo, y tras una conversación incómoda, terminan acordando vivir juntos. Lo que empieza como una decisión pragmática, cargada de silencios y tensiones, se convierte poco a poco en una convivencia extraña y sincera: dos desconocidos que aprenden a compartir café, gastos, historias truncadas y espacios reducidos.

A través de gestos cotidianos —una cena improvisada, un gesto de cuidado, una discusión por la falta de agua— La Última Renta traza el mapa de una relación que desafía la idea de que después de cierta edad ya no hay nada nuevo por vivir.

Con el trasfondo de una crisis económica mundial, desempleo creciente y la brutal falta de vivienda digna en la ciudad, la película no ofrece soluciones, sino una mirada íntima sobre la resiliencia, la necesidad de compañía y la posibilidad —por mínima que sea— de empezar de nuevo cuando todo parece perdido.

La protagonista

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La persona que va a actuar dice que no necesita quien dirija, quien produzca, quien fotografíe ni quien edite, que basta con su presencia frente a la cámara y con la forma que tiene de improvisar sobre las sugerencias de la guionista; afirma que tiene la certeza de que nadie más podrá contar la historia de una manera tan emotiva y conmovedora.

Cuando alguien le dice que no se le puede pagar más de lo acordado ni ofrecerle condiciones diferentes de los demás actores, simplemente se ríe y amenaza con parar la producción hasta que no se haga lo que quiere.

Algo que no tiene manera de preveer es que 10 días antes de comenzar la filmación, la directora de casting encontrará a una actriz 5 años más joven, con una historia aún más triste que la suya y que a todo mundo le caerá lo suficientemente bien como para considerar que ella sea quien protagonice la historia que por varios meses han intentado filmar.

Elle en transición

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Tamborileando los dedos, retorciéndose las ganas, descubriendo la mirada hacia el interior en dirección a lo que debería estar pasando pero que no pasa porque elle está bajo presión en un trabajo que no termina de gustarle y que le obliga a ejercitar su paciencia y ese cuerpo que, cada día, está en proceso de transición.

La historia

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No hace falta elegir la mejor historia, lo que necesitas es pensar en una situación y tenerla lo suficientemente clara como para poder contarla. Después tienes que pensar muy bien cuál fue la oportunidad, el conflicto que hubo en ella, saber con qué tuviste que enfrentarte, qué fue lo que la hizo compleja. En ese punto es importante que pienses en las acciones que tomaste para enfrentar las complicaciones y finalmente hablar de cuál fue el resultado.

Lo que sigue es encontrar la manera de contar la historia, saber qué palabras utilizar para hablar de ella, cuidar cada frase para que al leerla sientas que lo que pensaste y sentiste está escrito en el papel.

Y después vendrá la parte de editarla para que sea contada de la mejor manera que puedas hacerlo.

El resultado no es lo importante, lo importante es empezar a escribir de nuevo, buscar de nuevo una situación para contar y que eso se convierta en otra historia.

975 días para mi 2025

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Hoy estamos exactamente a 975 días de mi cumpleaños número 50.

Al buscar un nombre para este blog intenté encontrar una manera de relacionarlo conmigo y pensé que el año de mi nacimiento junto con el concepto de una libreta podrían representar algo del contenido que pensaba escribir. Después el contenido fue cambiando hasta ser lo que ahora es pero el nombre se quedó.

Hoy, una casualidad numérica salida de una idea para usar un filtro de TikTok me hizo preguntar cuantos días faltaban para mi cumpleaños y la respuesta fue 975.

De alguna manera pareció que el blog, mis próximos 50, TikTok y una cuenta regresiva coincidieron para recuperar a dos viejas amistades, alguien a quien conocí en primaria y alguien a quien conocí m secundaria, ambas con la misma preocupación por nuestro próximo cincuentenario.

Trabajo nocturno

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La inclinación de su lámpara de escritorio hace que la luz me ilumine en el sofá más que a ella. A pesar de que ya son las tres de la mañana, ninguno de los dos puede irse a dormir, ella porque ha estado intentando desde hace varias horas ver el resultado de su estudio y yo porque le dije que la acompañaría hasta que lo lograra. Ambos estamos de mal humor, alguien parece estar actualizando por demasiado tiempo la página y yo no consigo encontrar una serie que mantenga mi interés. Ella toma agua en un vaso y yo tengo un plato de cereal a medio terminar sobre la mesa de la sala, justo al lado de donde dejé la computadora para no tener que estirarme mucho para buscar algo que ver.

En el mismo momento en que ella tiene un ataque de tos, un correo de LinkedIn me ofrece 4 trabajos para los cuales el algoritmo decide que soy apto. Por un momento me atrevo a pensar que puedo aceptar alguno después de renunciar al que tengo y que quizá así pueda volver a trabajar desde casa.

Ella estará dormida cuando me despierte mañana y yo tendré que apurarme para no llegar tarde a la oficina y tener que saludar a todos los que ya estarán ahí hablando del Templo Mayor, sin el cubrebocas puesto e ignorantes de que quizá también yo sea uno más de los positivos asintomáticos.

Aquellos

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Aquellos que se quedaron atrás, que optaron por seguir los ideales de la causa, que decidieron ser más éticos, menos dispuestos a hablar de triunfos que no fueron suyos, más responsables de lo que hizo una diferencia positiva para los demás.

Aquellos que lucharon cada una de las batallas, que se enfrentaron a los enemigos, que blandieron sus espadas y fueron heridos en combate una y otra vez sin nunca ceder y nunca renunciar.

Aquellos que vistieron los uniformes de soldado y los usaron hasta que quedaron hecho jirones en las refriegas mientras quienes usaban los de gala bailaban en fiestas de celebración por el hecho de seguir vivos y continuar teniendo las manos limpias.

Aquellos que escucharon que otros tomaban las decisiones difíciles a pesar de que fueran ellos los afectados por esas decisiones.

Aquellos que hoy se preguntan si habrían hecho las cosas de otra manera y se responden a sí mismos que volverían a hacerlo de la misma manera, quizá solamente disfrutando más el hecho de irse poco a poco quedando atrás, en los campos de batalla.